sábado, 15 de octubre de 2011

ARTÍCULO SOBRE FERTILIDAD.


Marta Matute  27/09/2011 
“Hace unos años vino una señora de 50 años a la consulta. Tenía una planta estupenda y una relación esporádica con un señor, su ‘novio’, como ella le llamaba. Acudía a nosotros con el firme propósito de tener un hijo, su primer hijo, porque pronto se me pasará el arroz”, anunció convencida. Como era obvio, tras escuchar sus razones, la invité a que se lo pensara dos veces o buscara otro centro para llevar a cabo el tratamiento. Estaba claro que esta mujer no sabía muy bien lo que se traía entre manos. Vivía con sus padres, no tenía pareja, sobrepasaba la edad ‘límite’ para recibir tratamiento y además estaba obligada a recurrir a un doble donante”, cuenta Vicenta Giménez, psicóloga del grupo Hospitalario Quirón.
Desde que las técnicas de reproducción asistida se convirtieron en un bien de consumo, hace ya algunos años, no es difícil descubrir en el anecdotario de las consultas ginecológicas casos como éste; la señora, o la pareja de turno, que ha sucumbido a la vorágine mediática que se desata cada vez que un famoso en edad de ser abuelo decide ser padre o madre, desde Elton John a la duquesa de Alba (ver para creer), y determina seguir su ejemplo.
 No son la mayoría, desde luego. Pero lo cierto es que cada día más hombres y mujeres que rozan el medio siglo se acercan a las clínicas de fecundación in vitro para intentar tener un vástago, a veces, su primer retoño. Señoras solteras que descubren la maternidad después de haber triunfado profesionalmente, parejas que arrastran dos y tres divorcios y varios hijos y algún que otro matrimonio ‘roto’ por el fallecimiento de uno de sus descendientes.
“Lo habitual es encontrarse con gente ilusionadísima que tiene claro que ha llegado el momento de afrontar la paternidad y que goza de una excelente salud psíquica, pero también hay excepciones, mujeres que vienen con una carga emocional exagerada porque llevan demasiado tiempo intentándolo, o familias que aún no han superado el duelo por el fallecimiento de un hijo”, señala Soledad Chamorro, psicóloga de IVI Madrid.
Algunas, incluso, esconden razones espurias. “En cierta ocasión llegó a la clínica una pareja que llevaba 20 años conviviendo y que había decido iniciar el tratamiento. Como es lógico, me interesé por las razones que les habían llevado a esperar tanto tiempo. No eran claras. Pero poco a poco, la verdad salió a la luz. Había una herencia por medio y si tenían un bebé, los hijos de él, de un matrimonio anterior, no recibirían ni un duro. Era una historia siniestra…Por supuesto, ésta no es la norma”, relata la psicóloga de Quirón recordando que el derecho es del niño a tener unos progenitores, no de los padres a tener un hijo.
Una paternidad laxa, el error más frecuente
En cualquier caso, ser padre, y sobre todo ser madre, a los 50 no es fácil. Digan lo que digan las revistas y los famosos que airean sus paternidades y maternidades ‘añosas’ como un hito más en sus carreras de éxito. Y no hablamos sólo del riesgo físico que conlleva la gestación; los expertos se refieren al hecho de tener que asumir el ‘rol’ de padres cuando poco tiempo después la sociedad marcará a estas parejas con el ‘rol’ de abuelos. “A esas edades coincide todo, dinero, realización profesional y plenitud personal y se vive la maternidad de una manera más relajada, más sabia, pero también sabemos que, cuando los niños están en la adolescencia, la distancia generacional dificultará las relaciones, y eso hay que trabajarlo en la consulta”, explica María Gracia Lasheras, psiquiatra del Instituto Universitario Dexeus.
En los hospitales del grupo Quirón se hace a los pacientes un juego psicológico: imaginad cómo os veis vosotros con 60 y 70 años y un  adolescente…"Porque uno de los mayores riesgos a esas edades, sobre todo cuando se ha deseado fervientemente concebir un bebé, es la de caer en una paternidad laxa”, advierte la psicóloga.    
La edad de corte para las mujeres -50 años- no es una convención caprichosa de las clínicas: este tope vela por la salud de la madre y del niño, estamos hablando de un embarazo de alto riesgo, y garantiza que la fecundación se logrará en un tiempo razonable. “Pero más allá de la edad reproductiva ideal, entre los 20 y los 30 años, una mujer de 50 ni se siente ni es una anciana, y está perfectamente preparada, cuando no tiene algún desorden psicológico, para atender a un bebé”, opina Soledad Chamorro, psicóloga de IVI Madrid.
Otra cosa muy diferente son los 60, los 70 y, de confirmarse la noticia de doña Cayetana, los 80 largos... aunque en este caso se trate de una adopción, que por cierto, la ley española, dada su edad y la de su cónyuge, hace inviable. "En realidad, no sabemos dónde se producen esas gestaciones anómalas que de vez en cuando saltan a las primeras páginas de los periódicos, dicen que en la India, pero cualquiera sabe...", explica Giuliana Baccino, psicóloga de FIV Madrid.
Algunas mujeres saben muy bien a qué se enfrentan cuando acuden a la consulta del ginecólogo, pero otras se dan de bruces con la realidad, y la verdad es que a partir de los 40 años los óvulos no tienen calidad para ser fecundados y hay que recurrir a la ovodonación. Y eso es algo que muchas parejas, algunas incluso con un alto nivel cultural, desconocen. Como esa señora de 50 años que acudió a la clínica de reproducción asistida acuciada porque pronto se le pasaría el arroz… cuando, en realidad, el arroz se le había pasado hacía más de una década.
¿Qué sucede cuando a una mujer se le anuncia que sus óvulos no sirven y tiene que ser inseminada con los ovocitos de una donante (totalmente anónima, por ley)? “Esta técnica de reproducción asistida funciona desde hace más de dos décadas, sin embargo, el impacto sigue siendo enorme y la primera reacción es de rechazo”, reconoce Giuliana Baccino.
Según los especialistas, la mujer no tiene reparos, o tiene menos problemas, en aceptar que el esperma de su marido no es útil y que ha de ser fecundada con el de un donante. “Incluso al hombre le cuesta menos aceptar el semen de otro varón. El mayor problema radica en la aceptación de los óvulos de otra señora”, insiste la psicóloga de FIV Madrid.
No son hijos de segunda clase
“La imaginación, a veces, se dispara y la mujer llega a pensar que aceptar ‘otro’ óvulo es hacer real la existencia de un trío sexual, o que está siendo infiel a su marido si acepta el semen de un donante, y todas estas fantasías absurdas hay que desmontarlas”, dice Vicenta Giménez. Y luego está la pérdida del vínculo genético, tan fuerte en el ser humano, “que provoca el abandono de algunas mujeres, las menos, desde luego, porque el deseo de ser madre casi siempre gana la partida”, anuncia la doctora Lasheras. Si alguno de los dos no lo tiene claro, los expertos recomiendan adoptar u olvidarse de ser padres. Fue el caso de unos pacientes de Quirón. La pareja tenía una hija de 15 años y el marido quería otro hijo “por si a ellas les pasa algo y yo me quedo solo”, decía. Pero la esposa se negaba a recurrir a una donante. Él presionaba y ella se resistía. El tratamiento no tenía sentido.
Giménez cree que aceptar la donación obliga a pasar un duelo por ese hijo soñado que no vendrá. “Yo les digo, recordad que éste, el que sí va a nacer, no tendrá vuestros ojos, pero tendrá vuestra mirada; no tendrá vuestra boca, pero sí vuestra sonrisa”, cuenta. “Lo que hay que dejar muy claro, si no lo está, es que ser padre o madre no es una realidad biológica sino un rol, que uno es padre o madre cuando ejerce como tal, no por el simple hecho de entregar un ovocito. Y, por supuesto, que estos niños no son hijos de segunda y que su concepción no es una deshonra”, recuerda Soledad Chamorro, de IVI Madrid.
Éste es el segundo problema al que debe enfrentarse una pareja que acepta la ovodonación. ¿Cómo decírselo a nuestro hijo? La respuesta unánime de los profesionales consultados es que el niño debe saber la verdad y que no hay esperar a la adolescencia para comunicar algo así. “A esa edad los chavales tienen demasiados conflictos emocionales como para asumir, sin traumas, su origen biológico”, opina Giulana Baccino.
La ley no obliga a desvelar el origen de los recién nacidos, pero los psicólogos recomiendan dar la noticia a los cinco o seis años, adaptando la información a la comprensión del pequeño. “Las cosas están cambiando. Hoy, casi el 70% de nuestros pacientes afirman que llegado el momento se lo comunicarán. Hace diez años este asunto era un tema absolutamente tabú”, dice Baccino. La psiquiatra María Gracia Laheras es mucho menos optimista: “La mayoría de las parejas nos dicen que se lo revelarán cuando crezcan, pero la realidad es otra, más de la mitad no lo hacen. Nunca encuentran la ocasión”.

¿Qué os aparecido el artículo?... tiene mucha miga que comentar…

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